History of Porn
Realizar una lista de las mayores diez o veinte mayores pornstars del cine para adultos puede ser una tarea más ardua que conocer a las actrices nacionales más emblemáticas de cada país de la historia del porno. Si alguien pensara en Brasil, nos vendría enseguida a la mente la figura implacable de Gina Valentina. Si pensamos en Argentina, entonces la Triple Corona del Porno (Triple Crown of Porn) de Emily Willis ocupará ese lugar. Pero puede no ser tan fácil encontrar a la mayor estrella pornográfica de Francia, porque hay una larga lista, o de Estados Unidos, porque son los mayores productores de pornografía visual en todo el mundo.

En este especial de la historia del porno nos avocaremos a mencionar a la mayor figura de la industria (y que podrán ser más de una en lo casos en que la elección no pueda ser tan precisa por el amplio abanico de actrices) de países como Japón, Australia, Singapur (obviamente, por la figura de Kaylani Lei), España, Italia, y diferentes Estados de Europa del Este. También buscaremos a La Pornstar Final de las naciones ya mencionadas de Argentina y Brasil, así como Colombia, Venezuela y México. Incluiremos también a Rusia, Francia, Canadá, Inglaterra y Estados Unidos.
A continuación enumeramos la lista de las mayores pornstar nacionales, tal como la hemos pensado, no sin dejar abierto el espacio para una consideración mejor o más verdadera. La búsqueda de la pornstar final es, quizá, un camino sin ese final.
Una geografía internacional de las grandes figuras femeninas del Triple X
La historia de la industria pornográfica moderna puede ser narrada desde múltiples perspectivas. Puede seguirse a través de sus estudios y productoras, de sus transformaciones tecnológicas, de sus grandes publicaciones, de sus premios y de las sucesivas mutaciones del mercado. Pero existe otra manera, acaso más humana y reveladora, de reconstruirla: observarla a través de los rostros que, durante más de tres décadas, atravesaron sus fronteras nacionales hasta convertirse en figuras de reconocimiento internacional.

Porque si algo caracteriza al Triple X desde los años noventa hasta nuestros días es precisamente su progresiva internacionalización. Aquello que alguna vez estuvo concentrado en determinados centros de producción de Estados Unidos y Europa terminó convirtiéndose en un fenómeno global, alimentado por la movilidad de sus intérpretes, la expansión de los mercados europeos, la incorporación de América Latina y, finalmente, la revolución digital.
Nuestra selección de History of Porn parte de esa perspectiva. No pretende establecer una clasificación matemática ni determinar quién fue, en términos absolutos, la mejor representante de cada nación. Se trata, más bien, de reunir aquellos nombres que permiten reconocer la dimensión internacional alcanzada por las female performers y reconstruir, a través de ellas, una pequeña historia geográfica de la industria entre finales del siglo XX y las primeras décadas del XXI.
Argentina: Emily Willis
La representación argentina corresponde a Emily Willis, una de las figuras surgidas de América Latina que alcanzaron una considerable proyección internacional en la etapa contemporánea.
Su presencia resulta significativa dentro de una transformación más amplia: la antigua separación entre las performers «nacionales» y las figuras pertenecientes al circuito internacional perdió progresivamente sentido con la expansión de Internet. Para las nuevas generaciones, el lugar de nacimiento dejó de determinar el alcance de una carrera. Una intérprete podía proceder de Buenos Aires, Caracas, Bogotá o cualquier otra ciudad latinoamericana y desarrollar rápidamente una audiencia mundial.
Emily Willis pertenece a ese nuevo capítulo de la historia.

Brasil: Gina Valentina
Brasil posee una larga tradición de performers vinculadas al mercado internacional y Gina Valentina constituye una de sus representantes más reconocibles de la era contemporánea.
Su trayectoria se inscribe en el proceso mediante el cual las intérpretes latinoamericanas dejaron de ocupar un lugar exclusivamente regional para incorporarse de manera plena al circuito estadounidense y global. Brasil, por su dimensión demográfica y cultural, se convirtió progresivamente en uno de los grandes reservorios de talento femenino de América Latina.
Valentina es, en este sentido, parte de esa generación internacionalizada que ya no necesitó permanecer dentro de las fronteras de su país para construir una carrera de alcance mundial.

Venezuela: Agatha Vega
Agatha Vega representa a Venezuela en esta cartografía. Su trayectoria pertenece a la etapa más reciente de la industria, cuando las fronteras geográficas habían perdido buena parte de su importancia frente a las plataformas digitales y la distribución global.
Su inclusión resulta especialmente significativa porque permite incorporar a Venezuela dentro de una historia latinoamericana mucho más extensa: la de performers que encontraron en los mercados extranjeros un espacio de desarrollo profesional y terminaron integrándose a una industria de alcance transcontinental.

Colombia: Esperanza Gomez
Pocas figuras colombianas alcanzaron una identificación tan marcada con su país como Esperanza Gomez.
Su trayectoria constituye un capítulo importante dentro de la progresiva internacionalización de las performers latinoamericanas. Gomez no solamente desarrolló una carrera reconocible dentro del circuito adulto, sino que construyó además una presencia pública propia, fenómeno que se volvió cada vez más importante a medida que las redes sociales modificaron la relación entre las celebridades y sus audiencias.
En ella puede observarse el tránsito entre dos modelos: el de la performer conocida principalmente por sus producciones y el de la personalidad digital capaz de mantener una relación directa con millones de espectadores.

México: Vicki Chase
La representación mexicana corresponde a Vicki Chase, cuyo vínculo familiar y cultural con México forma parte de una identidad más compleja que la simple clasificación geográfica.
Su caso permite recordar una característica esencial de la historia de la industria norteamericana: la presencia latinoamericana en Estados Unidos no estuvo determinada únicamente por performers nacidas fuera del país. También fue construida por descendientes de inmigrantes y por artistas pertenecientes a comunidades culturales latinoamericanas asentadas en territorio estadounidense.
Así, la categoría «nacional» debe ser entendida con cierta amplitud cuando se intenta escribir una historia internacional.

Australia: Angela White
Entre todas las figuras extranjeras que consiguieron ocupar un lugar central en la historia contemporánea, Angela White constituye probablemente uno de los casos más extraordinarios.
Australia se encuentra geográficamente alejada de los principales centros históricos de producción estadounidense y europea. Sin embargo, White consiguió transformar esa distancia en un dato secundario frente a la dimensión internacional de su carrera. Su trayectoria prolongada, su reconocimiento profesional y su posterior evolución como figura empresarial y mediática la convirtieron en una de las personalidades fundamentales de la industria del siglo XXI.
Su presencia en esta lista tiene, por tanto, un valor casi paradigmático: demuestra hasta qué punto la industria dejó de pertenecer exclusivamente a los territorios donde históricamente se concentraba su producción.

España: Rebeca Linares
La historia española encuentra en Rebeca Linares uno de sus nombres más reconocibles de la generación de los años 2000.
Su carrera se desarrolló en buena medida dentro del mercado estadounidense, fenómeno característico de numerosas intérpretes europeas que durante aquella década cruzaron el Atlántico para incorporarse al principal centro industrial del momento.
Linares representa así una época de transición: aquella en la que Europa ya producía sus propias figuras internacionales, pero Estados Unidos continuaba siendo el gran escenario de consagración profesional.

Italia: Valentina Nappi
Con Valentina Nappi llegamos a una generación distinta.
Su aparición pertenece plenamente al período digital, cuando una performer podía construir una identidad pública mucho más compleja que la que habían tenido sus predecesoras. Las redes sociales, las plataformas de vídeo y la comunicación directa con el público transformaron radicalmente la relación entre intérprete, productor y espectador.
Nappi se convirtió en uno de los nombres italianos más reconocibles de esa nueva etapa, prolongando una tradición europea que ya había producido numerosas figuras de alcance internacional.

Rusia: Anna Polina, Jia Lissa y Kelly Collins
La representación rusa reúne a Anna Polina, Jia Lissa y Kelly Collins, tres nombres pertenecientes a distintas etapas del circuito internacional.
La presencia de performers procedentes de Rusia y Europa Oriental constituye uno de los grandes fenómenos de la historia de la industria posterior a la caída del bloque soviético. Durante los años noventa y, especialmente, durante las décadas siguientes, Europa Oriental pasó a desempeñar un papel cada vez más visible en el mercado europeo e internacional.
Estas tres figuras deben ser contempladas dentro de ese proceso histórico de apertura y circulación profesional.

Canadá: Sunny Leone y Capri Cavanni
Canadá ofrece dos historias notablemente diferentes: Sunny Leone y Capri Cavanni.
Sunny Leone constituye un caso excepcional dentro de esta nómina. Nacida en Canadá, alcanzó reconocimiento en la industria adulta y posteriormente desarrolló una carrera de enorme visibilidad en la India, hasta convertirse en una personalidad popular cuya fama trascendió ampliamente el ámbito de procedencia.
Capri Cavanni representa, en cambio, la trayectoria más característica de una performer canadiense integrada al circuito estadounidense.
La comparación entre ambas demuestra que una misma nacionalidad puede producir itinerarios profesionales radicalmente diferentes.

Alemania: Briana Banks, Shyla Jennings y Madison Ivy
Alemania aparece representada por Briana Banks, Shyla Jennings y Madison Ivy, tres nombres vinculados a distintas etapas de la expansión internacional de la industria y a la compleja relación entre Europa y el mercado estadounidense. Su inclusión permite, además, observar cómo la categoría nacional se vuelve particularmente problemática en una industria caracterizada por la movilidad de sus intérpretes y por la concentración de la producción en determinados centros internacionales.
Briana Banks pertenece a la generación que adquirió notoriedad durante los años 2000, cuando las performers europeas y de ascendencia europea tenían una presencia cada vez más visible dentro del circuito estadounidense. Su trayectoria quedó estrechamente vinculada al mercado norteamericano y a una época en la que los grandes estudios todavía constituían el principal mecanismo de consagración profesional.
Shyla Jennings se incorpora a esta genealogía como representante de una generación posterior, desarrollada ya en un escenario en el que Internet comenzaba a transformar profundamente las formas de producción, distribución y promoción. Su presencia permite establecer un puente entre el modelo industrial de comienzos del siglo XXI y la progresiva digitalización que modificaría las carreras profesionales durante la década siguiente.

Madison Ivy, por su parte, pertenece a una generación contemporánea a esa transformación. Su carrera se desarrolló principalmente en Estados Unidos, dentro de un mercado que ya había comenzado a abandonar definitivamente el modelo basado exclusivamente en los soportes físicos y los grandes estudios para avanzar hacia una estructura mucho más fragmentada y digital.
Las tres figuras permiten, por tanto, construir una pequeña secuencia histórica: Briana Banks, Shyla Jennings y Madison Ivy representan diferentes momentos de una misma relación entre Alemania, Europa y la industria estadounidense. Más allá de sus trayectorias individuales, su presencia conjunta ilustra la progresiva internacionalización de las carreras profesionales y la pérdida de importancia de las fronteras nacionales en la configuración del Triple X contemporáneo.
Bélgica: Mariska
La presencia de Mariska incorpora a Bélgica a este mapa histórico.
Aunque el país nunca alcanzó la dimensión productiva de Estados Unidos, Francia o Alemania, su proximidad geográfica y cultural con los grandes mercados europeos permitió que algunas de sus intérpretes adquirieran una notoriedad que superó ampliamente las fronteras nacionales.
En una historia verdaderamente internacional, también las naciones pequeñas encuentran su lugar.

Inglaterra: Gal Ritchie y Lily Phillips
Gal Ritchie y Lily Phillips representan dos momentos muy diferentes de la evolución británica.
Ritchie pertenece a una generación contemporánea cuya identidad profesional se desarrolló en un mercado profundamente digitalizado. Phillips, aún más vinculada a la cultura de las plataformas y las redes sociales, representa una transformación posterior del modelo de celebridad.
Entre ambas puede observarse una de las grandes rupturas de la historia reciente: el desplazamiento desde una industria dominada por estudios hacia un ecosistema donde la imagen personal, las redes sociales y la comunicación directa adquirieron una importancia decisiva.

Serbia: Cherry Kiss
Cherry Kiss incorpora a Serbia dentro del mapa de Europa Oriental.
Su presencia pertenece a una tradición regional que cobró especial importancia durante las primeras décadas del siglo XXI. La aparición de nuevas productoras, la circulación internacional de intérpretes y la expansión de Internet facilitaron la incorporación de numerosas performers balcánicas al circuito global.
Serbia, como otros países de la región, pasó así de ocupar una posición periférica a convertirse en un territorio reconocible dentro de la geografía profesional europea.

Polonia: Natalia Starr
Polonia está representada por Natalia Starr, figura perteneciente a una generación que desarrolló su carrera en plena expansión del mercado internacional.
Su trayectoria confirma la importancia alcanzada por Europa Central y Oriental durante la segunda gran etapa de globalización de la industria. La circulación de performers polacas hacia los principales centros europeos y estadounidenses se convirtió en un fenómeno habitual y contribuyó a modificar profundamente el mapa de procedencias.

República Checa: Silvia Saint, Jana Cova y Little Caprice
Pocos países europeos poseen una representación histórica tan significativa como la República Checa.
Nuestra selección reúne a Silvia Saint, Jana Cova y Little Caprice, tres nombres que permiten recorrer más de dos décadas de evolución.
Silvia Saint pertenece a la gran generación europea de finales de los años noventa y comienzos del nuevo siglo. Su aparición coincidió con el período en que Europa Central adquirió una presencia internacional particularmente visible.

Jana Cova representa la continuidad de aquella tradición durante los años posteriores, mientras que Little Caprice pertenece ya a una generación enteramente digital.
La secuencia Saint–Cova–Caprice permite observar, casi como una pequeña genealogía, la transformación de la performer checa desde la era de los grandes estudios hasta la época de las plataformas globales.

Rumania: Eve Sweet
Eve Sweet ocupa un lugar destacado como representante de Rumania dentro de esta geografía internacional del Triple X. Su incorporación permite ampliar el recorrido hacia Europa del Este y reconocer la importancia que las performers rumanas adquirieron dentro del circuito internacional durante la etapa contemporánea.
La trayectoria de Sweet se inscribe en una tradición regional que, desde comienzos del siglo XXI, convirtió a Rumania en uno de los territorios de procedencia más visibles de la industria europea. Bucarest y otras ciudades del país pasaron a integrarse progresivamente en una red profesional que conectaba Europa Central y Oriental con los principales mercados occidentales.

En este contexto, Eve Sweet puede ser considerada una de las representantes rumanas de mayor relevancia, particularmente por su presencia en la etapa más reciente de la industria y por su incorporación a un circuito cuya dimensión dejó de estar determinada por las fronteras nacionales. Su carrera pertenece plenamente a una época en la que Internet y las plataformas digitales permitieron que una performer procedente de Europa Oriental alcanzara una audiencia internacional.
Su inclusión junto a Silvia Saint, Jana Cova, Little Caprice, Sandra Shine, Aletta Ocean, Cherry Kiss, Natalia Starr y las demás representantes de Europa Central y Oriental completa una geografía particularmente significativa. Todas ellas forman parte de un proceso histórico común: la transformación de una región que durante décadas había ocupado una posición periférica en uno de los principales espacios de procedencia de performers del circuito internacional.
Así, Eve Sweet representa a Rumania dentro de esta historia sin fronteras, como parte de una generación que heredó la tradición de las grandes figuras de Europa Oriental y la proyectó hacia el ecosistema global del Triple X contemporáneo.

Grecia: Christy White
Christy White representa a Grecia en esta selección.
La presencia griega es necesariamente menos numerosa que la de los grandes mercados europeos, pero su inclusión resulta valiosa precisamente por ello. La historia internacional no está compuesta únicamente por los grandes centros industriales; también está formada por figuras procedentes de países cuya participación fue más limitada, pero que contribuyeron a ampliar la diversidad cultural y geográfica del fenómeno.

Hungría: Sandra Shine y Aletta Ocean
Hungría merece una consideración aparte dentro de esta geografía internacional por la extraordinaria continuidad de algunas de sus figuras femeninas. Entre ellas destacan Sandra Shine y Aletta Ocean, dos nombres pertenecientes a generaciones diferentes que permiten observar la evolución de la presencia húngara en el circuito internacional.
Sandra Shine pertenece a la gran generación de performers de Europa Central que alcanzó notoriedad durante los años 2000, en una época en la que Hungría y los países vecinos adquirieron una importancia considerable dentro de la producción europea. Su carrera quedó asociada a aquella etapa de expansión continental en la que Budapest y otras ciudades de la región comenzaron a ocupar un lugar reconocible dentro de los circuitos profesionales.

Aletta Ocean, perteneciente a una generación posterior, prolongó esa tradición durante la década de 2010 y se convirtió en uno de los nombres húngaros de mayor reconocimiento internacional. Su trayectoria se desarrolló ya en un escenario profundamente transformado por Internet, las plataformas digitales y la progresiva desaparición de las fronteras entre los mercados nacionales.
La presencia conjunta de Sandra Shine y Aletta Ocean permite establecer, de este modo, una continuidad histórica particularmente interesante: dos generaciones separadas por varios años, pero unidas por la misma procedencia y por su incorporación a un circuito que convirtió a Hungría en uno de los territorios europeos más visibles dentro de la historia contemporánea del entretenimiento para adultos. Junto a las representantes de la República Checa, Polonia, Serbia, Rusia y Alemania, ambas contribuyen a comprender la importancia que Europa Central y Oriental adquirió en la configuración internacional de la industria desde finales de los años noventa hasta nuestros días.

Singapur: Kaylani Lei
Con Kaylani Lei el mapa se desplaza hacia Asia.
Su trayectoria internacional pertenece a la expansión de una industria que, durante los años 2000, comenzó a integrar de manera cada vez más visible a performers procedentes de distintos países asiáticos.
Singapur, pequeño Estado situado en uno de los principales corredores económicos del mundo, aparece así asociado a una figura cuya carrera alcanzó una dimensión considerablemente mayor que la de su mercado de origen.

Gibraltar: Ava Addams
Ava Addams, nacida en Gibraltar, representa uno de los casos más interesantes desde el punto de vista de la identidad nacional.
El territorio, vinculado históricamente al Reino Unido, constituye un ejemplo de las dificultades que aparecen cuando se intenta clasificar geográficamente una industria esencialmente transnacional. Addams desarrolló su carrera principalmente en Estados Unidos y terminó integrándose plenamente en el circuito internacional.
Su presencia recuerda que las fronteras políticas y las fronteras culturales no siempre coinciden.

Francia: Katsuni, Clea Gaultier y Anissa Kate
Francia ocupa un lugar destacado dentro de esta cartografía con Katsuni, Clea Gaultier y Anissa Kate.
Katsuni representa a una de las grandes generaciones europeas de los años 2000. Su carrera coincidió con una época de expansión internacional de las performers francesas y con el fortalecimiento de la producción europea.
Clea Gaultier pertenece a una generación posterior, formada ya en un entorno dominado por Internet y las redes sociales. Anissa Kate, por su parte, completa esta representación y prolonga la tradición francesa dentro del circuito global.
Las tres, contempladas conjuntamente, ofrecen una pequeña historia de la evolución francesa durante más de una década.

Estados Unidos: el gran capítulo de la historia
Ninguna reconstrucción de las grandes female performers nacionales puede ignorar a Estados Unidos.
Desde finales del siglo XX, California y particularmente Los Ángeles se consolidaron como uno de los principales centros mundiales de producción. Allí convergieron estudios, agencias, revistas, premios, distribuidores y posteriormente plataformas digitales, creando un ecosistema industrial que durante décadas tuvo una influencia decisiva sobre el resto del mundo.
Nuestra nómina estadounidense reúne Julia Ann, Jenna Jameson, Janine Lindemulder, Lisa Ann, Belladonna, Tera Patrick, Jessica Drake, Jenna Haze, Kayden Kross, Abigail Mac, Tori Black, Anikka Albrite, Dani Daniels, Gianna Dior y Kendra Sunderland.
No constituyen una generación, sino varias.

Julia Ann, Janine Lindemulder, Jenna Jameson, Lisa Ann y Tera Patrick pertenecen a distintas etapas de la consolidación de la gran industria estadounidense de los años noventa y 2000. En ese período, las performers podían convertirse en verdaderas celebridades dentro de una estructura todavía dominada por grandes estudios, revistas especializadas, videotecas y distribución física.
Entre todas ellas, Jenna Jameson ocupa un lugar histórico excepcional. Su nombre trascendió el circuito adulto y se convirtió en una referencia de la transformación de una performer en celebridad mediática. Su trayectoria constituye uno de los ejemplos más importantes de la profesionalización y espectacularización de la industria durante el cambio de siglo.

Belladonna, Jessica Drake y Jenna Haze pertenecen a otra etapa, caracterizada por una mayor diversificación de estilos y por la transformación de las estructuras tradicionales de producción. Con ellas, el panorama estadounidense comenzó a reflejar la fragmentación y especialización que definirían la industria del nuevo milenio.
Posteriormente aparecen Kayden Kross, Abigail Mac, Tori Black y Anikka Albrite, nombres asociados a la generación que atravesó la transición definitiva hacia Internet. En este período, los grandes estudios continuaron teniendo importancia, pero comenzaron a compartir protagonismo con sitios web, redes sociales y nuevas formas de distribución.

Finalmente, Dani Daniels, Gianna Dior y Kendra Sunderland representan una generación para la cual la identidad digital se convirtió en parte inseparable de la carrera profesional. La performer dejó de depender exclusivamente de una productora para construir su imagen y pasó a disponer de herramientas propias para comunicarse con su audiencia.
La secuencia completa —desde Jameson hasta las generaciones más recientes— constituye por sí misma una pequeña historia de la transformación de la industria estadounidense.
Un mapa mundial de tres décadas
Al contemplar conjuntamente todos estos nombres aparece una conclusión inevitable: la historia del Triple X moderno es inseparable de su internacionalización.
Durante los años noventa, Estados Unidos seguía ocupando una posición central. Europa, sin embargo, comenzaba a consolidar sus propios circuitos, mientras que Europa Central y Oriental adquiría una presencia cada vez mayor. Durante los años 2000, Francia, España, Italia, Alemania, la República Checa, Rusia, Polonia y otros países aportaron una cantidad creciente de figuras al mercado internacional.

América Latina experimentó, paralelamente, su propia expansión. Brasil, Colombia, Venezuela, Argentina y México comenzaron a estar representados por performers cuya audiencia ya no estaba limitada al ámbito hispanohablante o latinoamericano.
La década de 2010 introdujo una nueva transformación. Internet dejó de ser simplemente un mecanismo de distribución para convertirse en el principal escenario de construcción de una carrera. Las redes sociales, las plataformas de vídeo y posteriormente los modelos de suscripción modificaron las relaciones tradicionales entre performer, productor y público.
Y entre 2020 y 2026 esa transformación se profundizó todavía más. La nacionalidad continúa siendo una referencia importante, pero la audiencia, la producción y la distribución son esencialmente globales.
Epílogo: una historia sin fronteras
Esta selección de History of Porn no debe interpretarse, por ello, como una clasificación cerrada. Es, ante todo, un documento de una época.
Emily Willis, Gina Valentina, Agatha Vega, Esperanza Gomez, Vicki Chase, Angela White, Rebeca Linares, Valentina Nappi, Anna Polina, Jia Lissa, Kelly Collins, Sunny Leone, Capri Cavanni, Briana Banks, Madison Ivy, Mariska, Gal Ritchie, Lily Phillips, Cherry Kiss, Natalia Starr, Silvia Saint, Jana Cova, Little Caprice, Christy White, Kaylani Lei, Ava Addams, Katsuni, Clea Gaultier, Anissa Kate y la extensa constelación estadounidense forman parte de una misma historia general, aunque pertenezcan a países, generaciones y momentos muy diferentes.

Cada una representa un punto dentro de una geografía mucho más extensa: una geografía construida por migraciones, mercados, lenguas, estudios, plataformas y audiencias que dejaron de reconocer las fronteras nacionales como límites definitivos.
Si la industria del siglo XX fue fundamentalmente la historia de determinados centros de producción, la del siglo XXI se convirtió en la historia de una red mundial de performers y espectadores.

Por eso, recorrer estas nacionalidades equivale también a recorrer la propia evolución del fenómeno: desde la hegemonía estadounidense hasta la consolidación europea, desde la irrupción latinoamericana hasta la expansión asiática y australiana, y desde el sistema de estudios hasta la actual economía digital.
Más que un listado de nombres, esta selección es, finalmente, un atlas de la internacionalización del Triple X. Un atlas en el que cada país aporta sus propias figuras y cada generación modifica el significado de lo que alguna vez se entendió simplemente como una «estrella del porno».
Argentina
Emily Willis

Brasil
Gina Valentina

Venezuela
Agatha Vega

Colombia
Esperanza Gomez

México
Vicki Chase

Australia
Angela White

España
Rebeca Linares

Italia
Valentina Nappi

Rusia
Anna Polina
Jia Lissa
Kelly Collins

Canadá
Sunny Leone
Capri Cavanni

Alemania
Briana Banks
Shyla Jennings
Madison Ivy

Belgica
Mariska

Inglaterra
Gal Ritchie
Lily Phillips

Serbia
Cherry Kiss

Polonia
Natalia Starr

República Checa
Silvia Saint
Jana Cova
Little Caprice

Grecia
Christy White

Hungría
Sandra Shine
Aletta Ocean

Rumania
Eve Sweet

Singapur
Kaylani Lei

Gibraltar (Reino Unido)
Ava Addams

Francia
Katsuni
Clea Gaultier
Anissa Kate

Estados Unidos
Julia Ann
Jenna Jameson
Janine Lundemulder
Lisa Ann
Belladonna
Tera Patrick
Jessica Drake
Jenna Haze
Kayden Kross
Abigail Mac
Tori Black
Anikka Albrite
Dani Daniels
Gianna Dior
Kendra Sunderland

Canadá
Sunny Leone

Alemania
Briana Banks

Shyla Jennings

Francia
Katsuni

Clea Gaultier

República Checa
Silvia Saint

Jana Cova

Rusia
Anna Polina

Jia Lissa

Hungría
Sandra Shine

Inglaterra
Gal Ritchie

Estados Unidos
Jenna Jameson

Janine Lindemulder

Lisa Ann

Jenna Haze

Abigail Mac

Russia
Jia Lissa

