Relatos
Russo descubre a Adria.
1
Al despertar al otro día sobre el regazo de Russo sentí su enorme miembro que estaba tan erguido como cuando me sacudió la noche anterior. Ahora estaba dormido —y tal como se erguía el mío cuando amanecía sin este ajustador— apuntaba hacia arriba luego de algunas horas de sueño.
Russo había abierto la caja de pandora que se guardaba dentro de mí y supe que por el resto de mi vida sería parte de ella. Aún estaba confundido y pensaba en si podía deshacer lo que había hecho. Había un placer escondido en mi alma que quería expandirse en el universo de una manera tan imparable que mi razonamiento no podía detener. ¿Qué pasaría cuando me debiera presentar en sociedad otra vez y como podría explicar lo que sentí anoche?

Mis ojos miraron alrededor tratando de reconocer el entorno. Reparé mí mismo y noté que el buttplug había vuelto a su lugar, y sentía su presión. Russo debió haberme cambiado porque amanecí arropada con el pijama de seda, pero al mismo tiempo, sentí algo de dolor en la cerradura que mantenía en su lugar mi pequeño miembro… o debo decir mi clitty, la palabra que Russo usó para referirse a él. La jaula de castidad parecía vaciar de mí toda voluntad, y como si hubiera enjaulado con ello todo mi cuerpo, hacia dirigir hacia él el resto de voluntad que reservaba de mí.
Me costaba recrear los últimos instantes delo que sucedió anoche, y no podía precisar el momento en que me arropó para dormir y cómo logró introducirme de vuelta el objeto entre mis nalgas, sin que lo advirtiera, pero entre neblinas recordaba haber quedado rendido en el dormitorio, atrapado por una somnolencia llena de regocijo que agotaba mis energías poco a poco luego de que Russo descargara todo su esperma en mi interior.
Como el efecto de una droga, casi como un niño que recién descubre un juego, quise despertar del sueño al hombre musculoso con quien dormí por la noche, este hombre de fuertes brazos, manipulador de los despertares y arquitecto de los sentimientos.
Quería tener su miembro otra vez dentro de mi cuerpo, muy dentro, porque había despertado muy sensible, aunque mareada en las sensaciones de ayer, y con una mezcla venenosa y dulce de sueños y experiencias que me habían dejado en un estado de letargo. Quería repetir aquella sensación de sentir un miembro entre mis piernas y dentro, una y otra vez, pero me contuve. Reposé en su pecho unos minutos, reflexionando sobre lo que sentía.
Una brisa que entraba por la ventana me devolvió al sueño otra media hora…
Al despertar por vez segunda, noté que soñaba con que un hombre me quitaba el cierre y liberaba mi pene… fue cuando volví a despertar tomando conciencia del objeto de metal que Russo me había colocado antes de dormir. La sensación era algo dolorosa, pero a la vez no me había impedido disfrutar toda la noche la ceremonia que Russo había creado.
De todos modos, no podía vivir todo el tiempo con él apretándome la parte baja. Después de todo, seguía siendo mi parte más sensible, y luego de una vivencia tan honda sentía enormes deseos de tener una eyaculación propia. Había dejado las sábanas manchadas con algo de semen, y yo mismo sentí las descargas que tuve (cortos pero fuertes sissygasm), en muchos lapsos y diferentes momentos… aunque nunca de la manera en que Russo descargó todo su esperma dentro de mi ano. Y esta diferencia era la que imperaba en nuestra relación, que es mucho más que numérica, es, diría, una diferencia sustantiva y de cualidad profunda. Yo era aquí su chico, o más que ello, su femboy, o aún más todavía, su sissygirl —como me llamó en algunos momentos.
Pensé en despertarlo con el regalo del cual todo hombre gusta. Ser traído a la conciencia del día muy suavemente, con mi boca humedeciendo su miembro hasta que el sueño le sea interrumpido. No necesité mucha habilidad para dejar a Russo erguido como el tronco de un pináceo. El sueño masculino lo hacía morir en sueños vivientes y endurecía su fuerte pene para que mis labios lo besaran desde la parte baja a la más alta. Mi hombre ya comenzaba a levantar sus párpados cuando llegué a lo alto de su miembro. Le sonreí, y momento seguido lo introduje en mi boca para comenzar a hacer la primera blowjob de mi joven vida, y una de tantas en el más experimentado camino de Russo.
Quizás fuese su primera vez con un chico, aunque a juzgar por sus habilidades mostradas en las últimas doce o catorce horas, esto podría ponerlo en duda. Lo hice por él, pero también porque yo mismo no podía contener el deseo de hacerlo. Muchas y muy confusas sensaciones me recorrían, por lo que no era capaz a ciencia cierta de saber todas las cosas que deseaba. De igual forma, quería que Russo me liberara del artefacto de castidad que tenía entre las piernas, y creí que podría lograrlo cuando lo hiciera despertar con el amanecer con una liberación de su semen dentro de mi boca. Tal vez me lo recompensara.
Los efectos de la bebida y la marihuana de la noche, en su irrigación descendente de nuestros cuerpos, también debían sensibilizarlo a él en toda su piel como a mí, porque Russo no pudo (o no quiso) contener su eyaculación en un tiempo muy breve. Su descarga caliente fue una sensación gustosa, finalmente, y luego de que experimentara cierta reticencia al sabor de una sustancia que mi boca no había conocido todavía. Mi abierta sensación de deseo y excitación, se unieron a todo ello, y en una experiencia de ocho, diez o doce segundos, toda su descarga me recorrió la boca casi a la vez que la hice desaparecer en mi garganta.
Cuando levanté la cabeza, Russo estaba quitándose el sudor de la cara, y mi rostro, recién despierto, siquiera enseñaba un resto de semen. Lo miré sonriente, y nos hablamos.
—Pareces una chica experta -me dijo.
Me gustaba como decía “chica”. Sus posturas se adelantaban a mis elaboraciones mentales de una manera que me sacudía el alma. Ni yo mismo había todavía asumido ese rol —al menos no completamente— cuando él ya comenzó a asumirlo quizás desde el primer momento en que nos vimos. ¿Debía pensar en un nombre diferente? Adrián, ese fui yo, ese era yo… pensaba… ¿sería posible?
No comenté estas edulcoradas y perturbadoras imágenes de mi mente a Russo. Seguí con celo los pasos que estaban marcandos, entonces le dije:
—¿De verdad que lo hemos pasado genial?
—Es lo que te había prometido.
—Sabes, puedo ir a preparar un desayudo, y quisiera continuar más tarde, pero, no puedo resistir tanto tiempo este artefacto entre mi piernas, me aprieta; no podría hacer lo que necesito con él apretándome el miembro durante el día. Y ya lo hemos hecho brillante como dijiste, no sería oportuno…
—Oh, my sweet girl… no empieces con eso otra vez. Mira, si quieres podemos deshacer todo este juego y hacer como si nada hubiera pasado, está bien…
—No, no –le dije de manera apresurada. No es eso. No quiero deshacer lo hecho, solo que…
—¿Quieres deshacerlo o no? –me interrumpió.
—No, quiero decir….
—Ya veremos que sucede, pero tenemos aún dos días aquí solos en la casa. Respóndeme si quieres que te libre y ya puedes hacer lo que quieras, y dejamos atrás todo esto.
—Hmm…
—Dime sí o no.
—No –contesté finalmente, ante la situación de quedar frente a dos opciones radicales y opuestas y sin oportunidad de imponer mi ritmo.
—Bien, entonces arreglaremos todo lo que te incomode a su justo tiempo. Por ahora, será mejor que te acostumbres a llevar ese metal. Ya lo cambiaremos por otro que te sea más cómodo y te lo quitaré cuando sea preciso mientras estés acompañada de mí. ¿Está bien?
Acompañada… esta palabra me sumía en una experiencia doble. Mi transformación femenina me daba placer y tocaba una sensible fibra de mí, y por el otro me hacía sentir vigilado y bajo control, como si mi persona le poseyera. Y sin embargo, bien hubiera podido responder no. Russo tomaba el control de mi voluntad forzándome a una elección que yo tomaba con libertad, como si este simple hombre en apariencia fuera en verdad la encarnación de un poder oscuro sobre la tierra.
—Sí, está bien.

2
Acepté, no sin reluctancia, todas sus decisiones. Russo me quitó el plug con suavidad y me indicó que fuera al baño y que me diera una ducha. Ni siquiera se sorprendió cuando hice un suave gemido. Parecía conocerlo todo.
Cuando atemperaba el agua noté que dejaba sobre la mesada de espejo muchos cosméticos y elementos de loción para después del baño, unas prendas de lencería y un vestido negro liviano y sencillo, para que me cubriera el cuerpo en las horas recreativas del día. Russo cerró la puerta y salió. Me alejé de la ducha, antes de que me humedeciera, y fui hacia el vestido. Lo sobre puse a mi cuerpo desnudo, y noté que era de talle que me calzaba perfectamente, e imaginé que sus costuras sinuosas iban a hacer que mis curvas se vieran muy femeninas.
Las cosas habían tomado muy rápido una dirección desconocida, y aunque me desconcertaba, después de todo lo estaba aceptando. ¿Por qué diablos llevará este celo sobre mis partes sexuales con tanta disciplina? Diablos, ¿por qué sus ordenes me ocupaban tanto la cabeza aún sin él delante?
Entonces reparé que no había llegado a una vuelta completa del sol vestido con ropas de mujer cuando un rayo atravesó mi mente haciéndome ver todo en retrospectiva. Me asusté cuando pensé en cuanto iba a durar este juego, y las menos de 48 horas que me quedaban para tener que salir de la cabaña y volver a la ciudad. Imaginé a Russo abrazando mi pequeño cuerpo detrás de mí y comencé a sentir una suave calma que despejó mi mente. ¿Cometería un pecado si imaginara a otro hombre que no fuera él?
Me di una ducha completa y prolongada, mirando por la ventana como la luz penetraba sobre la sala de baño y hacía claroscuros en mi cuerpo. Aproveché el bañó para pasarme una crema que me hizo más suave la depilación. No he tenido mucho vello desde la adolescencia, y tampoco desde la primera vez que me depilaba, ¡no hacía más de doce horas! El trabajo sobre mi piel me hacía sentir sensual, y noté como alguna partes de mi cuerpo se sentían más delicadas.
¿Adrián? Pensaba… Cuando salí del baño y empecé a masajear la piel con las lociones comencé a sentirme más femenino y más personal al mismo tiempo. Siento que Russo me sintió más femenina que yo mismo. Todo su comportamiento había sido perfecto en esa línea, y estoy seguro que ya veía en mí, la mirada de una chica. ¿Como no lo había notado con tanta claridad como ahora? Cuando comencé a vestirme pude ver mi imagen en el espejo. Hasta qué punto había llegado, pensé, al mirarme en él vestido de lencería. Tomé el maquillaje, porque quería realzar mi rostro, y lo empolvé un poco, con algo de torpeza pero con atino. Mi cuerpo femenino estaba ahora mejor cortejado por una expresión facial en buena sintonía con él. Nunca me había visto… a mí… misma… tan… atractiva… ¿Adriana?
En mi extraña perplejidad, reunida de confusión y placer a la vez, creí que Adriana era un nombre de pila más girlish que podía adoptar. Me preguntaba si Russo estaría de acuerdo. Oh, yo misma me exalto al pronunciarlo… Adriana. Espero que también le guste.
No me había dispuesto todavía con el vestido negro, ansiosa por vérmelo puesto, cuando Russo entró al baño.—Sí que están aprendiendo rápido -comentó
—¿Te gusta como luzco?
—Mejor que nunca y como lo imaginaba en mis pensamientos.
—Oh, gracias. Me halagas. De verdad.
—Me halaga que a ti misma te guste. El placer el mío.Corrió hacia mí, me agarró en sus fuerte y masculinos brazos, y me besó apasionadamente.—Hay un detalle -dijo en un tono que me quitó la sonrisa. Ah, no es nada -agregó al ver mi rostro. Solo tenemos que ajustar la jaula de tu pequeño clitty. Anoche te la cambié mientras dormíamos, pero ahora necesitamos reemplazarlo y hacer que puedas refrescarlo.
—Oh sí, me fue incómodo el baño con él y no pude lavarme bien allí como quisiera. Puse una buena cantidad de espuma, pero sería mejor hacerlo sin él.
—Lo haremos, ahora que estás acompañada por mí. Nos llevará unos segundos. Quítate la braga.
En dos movimientos rápidos me liberó con facilidad. Sentí su tacto, suave y furtivo… ay, como lo hubiera deseado que se extendiera en su proceso. Pero él fue seco, y estaba determinado a no solo a no dejarme a mí misma jugar con él, ni Russo mostró interés en hacerlo. Me pregunté sino se trataba de un prejuicio que se lo impedía, o si ni siquiera imaginaba hacerlo. Me incliné a pensar a que se trataría de esto último.—Mira, debes entender bien este juego que realizamos. En esta relación tenemos un solo miembro masculino capaz que eyacular dentro de una mujer, y el único dueño de él soy yo. Este objeto es el mejor compañero de viaje que tendremos en esta aventura. Te impedirá recordar que lo tienes, y con el paso de las horas, te volverá más y más pasiva y ardiente. ¿Lo entiendes?
Su lenguaje era rudo e impositivo.—Sí, lo entiendo.
—Te ha traído hasta este lugar. Siempre has sido un bottom femboy, está bien, y ahora eres una sissygirl. Pero solo tu sabes cuando detener este juego. Mientras tanto, será mejor que continúes tu aprendizaje, el que echarías por la borda si no tuvieses esta pequeña jaula que inhabilita tu pequeño clitty. ¿Quieres detener todo en este lugar?
La falsa disyuntiva que me proponía lograba siempre el mismo efecto: sumirse a su voluntad. ¿Y no era también la mía?—No, no Russo. Dime que tienes que hacer.
—Bien. Ahora puedes limpiarte como desees y te sugiero que te depiles otra vez. Usa esta crema que va adormecerte para que no tengamos que utilizar hielo como la primera vez que estuvimos aquí. Además te va lubricar para colocarte el nuevo cierre de castidad.
Creí que él mismo iba a rodearme con su mano y humedecerme con la crema, pero la tendió para que yo la tomara y la colocara. Noté que mi clitty esta erguido como aquella vez, sin siquiera tocarme y sin siquiera ser besada por Russo.—Ves. No puedes esconder cuanto te agrada ser mi bottom sissygirl.
El comentario me hizo ruborizar las mejillas, y con un instinto que no experimentaba desde hacía mucho tiempo, encogí mi cuerpo tratando de ocultarme.
—No te preocupes. Solo ponte la crema así puedes depilarte mejor.
El efecto fue instantáneo, y en unos segundos, mi miem… mi clitty, volvió a encogerse. Hizo lo que me pidió, y sin darme tiempo a decir que había terminado, Russo había tomado un su derecha una cerradura de silicona verde, y me la colocó. La aseguró con el candado, y me dio un fuerte beso en la boca.—¿Ahora se siente mejor?
Hubiera deseado que la situación durara más. Pero de verdad el artefacto se sentía mejor, y me olvidé de él.—Te espero en el living. Ahora puedes terminar de arréglate -dijo, y se fue como si todo este fuese para él una rutina sin mayor misterio.

3
Pude darme una última mirada al espejo luego de arroparme. El vestido negro se ajustaba a mi cintura, dejaba ver mi escote y mis hombros, y luego se abría en forma de pollera hasta la parte media de mis muslos. Añadí un calzado bonito y sin tacos y luego coloqué la delicada cinta negra a mi cuello. La experiencia de vestirme tan cuidadosamente mientra ojeaba el el espejo, fue como un ritual del que yo misma me sorprendía y excitaba, tal si mirara a otra mujer hacerlo . Y allí estaba, era yo, en el espejo, femenina y suave como nunca lo había sido. Adriana… Adriana.
Russo me echó una mirada al llegar a la sala abierta donde él tendía las piernas sobre el sofá. Quise enseñarle todas mis partes para buscar su aprobación, pero me indicó que fuera a la cocina para traer unas bebidas a la mesa. De paso caminé de ida y vuelta para él, y coloqué la bandeja de copas en la mesa, con movimientos de los que advertía que no se perdía ni un milímetro de segundo a segundo.— ¿Qué te parece el nombre de Adriana? ¿No te gustaría llamarme así?
— Hm… suena bien, pero pensaba en algo más girlish. Algo similar, porque me gusta como suena al mencionarlo… Adria… sí, Adria.
La sola enunciación me recorrió el cuerpo y creó que hasta mis pezones se irguieron al oírlo.
— El nombre de Adria me recuerda a una mujer que he visto mucho en la redes. Sí, Adria Rae. ¿No la conoces? Hasta diría que te le pareces —agregó.
