Inversión Sexual: La iniciación de Clara por Madame Luise (SissyGirl/Femdom)

Inversión Sexual: Madame Luise y Brandi (Un relato) 3D Shemale Ladyboy AI Creation All Nude Petit Blonde on Bed
Relatos

Una historia sexual sobre feminización.

1 — El descubrimiento de Madame Louise

Conocí a Madame Louise cerca de los 17 años. Ella tenía entonces 35 y era una mujer fuerte, en todos los sentidos. Ella me trajo hasta aquí cuando descifró en lo más hondo de mi personalidad, la sexualidad que añoraba desarrollarse. Nos veíamos esporádicamente, pero manteníamos una correspondencia asidua. Tomó muchos recaudos acerca de mi edad, así que no tuvimos encuentros sexuales más que 1 año y poco más tarde.

Durante ese tiempo, ella estuvo comprándome ropa de muchos estilos. Era una mujer adinerada, muy sensual y dueña de un club muy prestigioso de la ciudad. Yo probaba todas sus prendas. Eran de muchísima calidad a las que muy pocas chicas podían acceder. Ella sabía que yo vestía de mujer desde los 13 años, pero luego de cumplir 18, abandonar mi casa y conocerla, pulió mi naturaleza femenina a pasos agigantados. En muy pocos meses me hizo ver tanto como una chica que los hombres dejaron de notar la diferencia. Pensaba en si mi destino erótico no me llevase irremediablemente a al camino de una actriz pornográfica o el de una dama a domicilio; pues, ¿podría con mi forma tan personal ser una mujer como cualquier otra, disponible en la oferta para el matrimonio, el trabajo y la familia?

Las sedas, los tacos, los brillantes que Madame Louise me regalaba me erotizaban hasta un punto muy alto, y ella lo sabía. Dormía con ellas y experimentaba un placer indecible con cada una. Yo misma me tomaba fotos y luego apenas me reconocía cuando las volvía a ver. Se las enviaba a Madame Louise sabiendo la impresión que le causarían. Sabía que me deseaba profundamente, y aunque las mujeres no fueran mi tipo, ella era realmente especial, diferente. Poseía un carácter dominante que me hacía sentir profundamente mujer, porque su voluntad de convertirme en una era persistente y poderosa. En el fondo sabía que cualquier relación con ella iba a hacer aflorar mi apetencia por lo femenino, y que ella podría llegar a hacerme el amor aún mejor que un hombre.

Recordaba a tientas que había sido un varón, pero luego de conocerla, casi perdería la memoria de aquello. A veces ella me escribía diciéndome como quería que me vistiera a la noche, y que le enviara las fotografías. Uno de sus mayores presentes fue el de una colección de plugs de distintos tamaños y tipos. A mí me gustaba el de cristal, redondo y corto, que podía colocármelo fijamente en el ano. Me gustaba colocarme uno un poco más ancho después del otro, y dejármelo en esa posición durante la noche, luego de acabarme… incluso realicé esta práctica durante el día. Era el fetiche preferido de Madame Louise, y uno de los objetos sexuales que más usaría en su compañía meses más tarde.

Lo cierto es que tenía en mi armario muchos tipos de consoladores, largos, y de figuras diferentes, y también me gustaba colocarme dentro vibradores de distinta intensidad, algo que hacía con asuidad. El plug, en cambio, no me era tan versátil; pero Luise me forzó a usarlos con mucha mayor constancia, tanto porque le gustaba verme con el brillo metálico de uno dentro de mí en las fotografías que le enviaba, y posteriormente, comprobé, porque gozaba de verme a su lado retorciéndome de placer con uno fuertemente ajustado.

Miraba pornografía de todo tipo, pero aunque me sentía una mujer, me excitaban de gran modo muchísimas chicas, especialmente las escenas de lesbianismo. Mi clientes eran hombres, y realmente me gustaban (en abstracto, aunque mucho menos cuando debía saciar a alguien que no me atraía y me embistiera son miramientos), pero por las noches solía masturbarme sola imaginándome con una mujer en la cama. Cuando conocí personalmente a Madame Louise muchas de las escenas que yo había imaginado mientras me introducía un dedo en la parte trasera, iban a ser el guion de una rutina corriente.

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2 — En casa de Madame Louise

Fue cerca de los 19 que fui por primera vez a su casa. Ella quedó realmente impactada por mi apariencia y mi disposición a  facilitarle casi todos los caminos. Tal fue la dimensión de esto que ese día no volví a casa y pasé cerca de seis noches seguidas en la suya. Pronto iniciaría una vida independiente y libre, aunque sin desprenderme de Madame Louise.

La timidez me detuvo solo unas horas y pude vencerla luego de que estableciéramos confianza mutua. Para empezar, la experiencia sexual era nueva. Ella estaba en una posición de dominio tan grande que fui sucumbiendo a todas sus propuestas de una en una. Vestida me sentía algo más protegida, incluso cuando me besaba, pero cuando hacia las 9 de la noche ella quiso desnudarme toda, sentí por primera vez el pudor. Iba a comenzar un episodio de placer que no tendría retorno.

Estaba habituada a desnudarme frente a los hombres, y abrir mis piernas a desconocidos, pero no había experimentado nada antes frente a una mujer. No sabía exactamente qué rol desempeñar frente a una dama. Mi papel con un hombre era muy claro. Yo me comportaba exactamente como lo haría una chica y como él me lo pedía. Incluso si mi pene se ponía tieso, aunque en no muchas ocasiones, los hombres seguían penetrándome como si lo tuviese pequeño o no tuviera uno en modo alguno. Madame Louise me enfrentaba a un rostro transgredido de mi sexualidad. Yo no iba a penetrarla de ninguna manera, al menos no de una manera convencional, y además no sabía cómo iba a interactuar conmigo o de qué modo iba a reaccionar cuando mi pene se irguiera.

Tanto ella como yo sabíamos cuáles eran nuestras partes más vulnerables: su femenino clítoris o mi masculino miembro, pero ¿qué iba a hacer ella al respecto? Las cartas no estaban en mis manos. Cuando me tranquilizó con palabras sencillas y claras, comencé a perder el miedo.

–Tómate tu tiempo. Sólo compórtate como siempre… como una chica.

Entonces me quité toda la ropa en su dormitorio, ocultando suavemente mis entrepiernas.

— No te preocupes por eso Clara. No importa lo que tengas allí. Solo trata de sentirlo como un clítoris y ofrécete como si estuvieras frente a un novio.

Ella se quitó su vestido y dejó ver su fascinante lencería negra y su hermoso y fuerte cuerpo. Medía unos buenos centímetros más que yo, algo que me agradaba, porque me recordaba las sensaciones de estar frente a un hombre que iba a penetrarme. Se sentó en la cama y empezó a tocarme las piernas, perfectamente lisas. Pasó muchas veces sus manos, más suaves y delicadas que las de un hombre, muy cerca de mis entrepiernas. Así estuvo un momento un largo rato, mirando de reojos mi pene, como esperando o deseando que reaccionara. Esbocé algunas sonrisas y traté de parecer tranquila y distendida. Me sentí completamente vulnerable con mi cuerpo completamente desnudo frente a una mujer. No llegaba a comprender qué esperaba ella que yo hiciera. Simplemente le seguí el juego.

—  Recuerda un momento de placer –dijo.

Entonces trajo un vestido translúcido de color rosa, largo, y me lo hizo colocar.

—  Estas sedas te harán sentir más confortable y cubierta.

Dijo mientras tocaba mi ano, haciendo círculos mientras me humedecía. Me tomó por detrás y empezó a rozar suavemente mis senos planos con sus manos, haciéndome sentir el roce de su cuerpo en parte de mis nalgas y el torso.

—  Tienes unos pechos suaves y delicados –susurraba tratándome de poner en calor.

Eran pequeños, es cierto, pero con el tiempo había logrado desarrollar un busto con algo de relieve. Luego de un momento me colocó una cinta negra y delicada que sujetaba todo mi cuello. Cuando ella sintió mis primeros susurros, acercó lentamente una de sus manos a mi pene para comprobar que estaba mojada. Fue una tranquilidad para mí saber que estaba irguiéndose, pues sentía algo de vergüenza pensar que ella notara mi incomodidad o mi insensibilidad a los encantos eróticos que arrumaba desde que comenzáramos. En ese momento comencé a sentirme más confiada. Mi piel se erizó y ella lo notó.

—  Me gusta tu pene. Es fuerte y pequeño. Pero no pienses en él –dijo mientras me continuaba humedeciendo el ano, apropiándoselo con delicadeza y suaves inserciones con su dedo medio.

Agregó:

— Lo más importante en una relación con otra mujer es que puedas mantenerte excitada largo tiempo, y disfrutes de este juego hasta que desees que te lo introduzca más al fondo. Si quieres tocarte, eso déjalo para cuando estés sola, de momento. ¿Está bien?

Asentí. Sentía que me estaba aleccionando al mismo tiempo que me elevaba a un preciado nivel sexual; a una colina de anhelos y susurros lentos. Entonces metió el dedo medio hasta el fondo, y lo dejó reposar. Gemí, y se me ahogaron las palabras. Sentí un indecible goce.

—  ¿Con cuántos hombres puedes estar sin experimentar un orgasmo? ¿Quiero decir, sin llegar al final, sin terminarte? –me preguntó.

—  Ah… Ufff… ahhhh…

Recuperé el aliento y agregué:

— Uf… espera… puedo hacerlo por algunas horas, Madame.

— ¡Horas! Eso está más que bien. Quiere decir, veo que ya tienes entrenamiento, pero ¿te mantiene ese tiempo porque te controlas, o porque no te agrada de todo la manera en que te lo hacen algunos de esos chicos?

No solía eyacularme con mis clientes, salvo que uno de ellos pagara un precio adicional por eso y lo exigiera. Tenía presente que cuanto más retuviera mis orgasmos masculinos, más predispuesta iba a estar para el próximo cliente. La experiencia me enseño a usa mi libido de la forma más eficaz posible.

—  Solo suelo masturbarme en la cama, a la noche, Madame, luego de un largo día, antes de dormir.

—  Lo comprendo. Me alegra oírte y verte más satisfecha en esta ocasión –dijo poniendo sus ojos sobre mi pene erecto y de color rosa.

La manifestación exterior de mis sentimientos era mi debilidad en estos encuentros. No podía esconder mi placer o displacer en la cama, y ella lo sabía. Me testeaba a cada momento como para comprobar que todavía estuviera en excitada con el desarrollo de sus caricias y roces, fijándose celosamente y especialmente en comprobar mis reacciones a su dedo medio dentro de mí, que ahora salía y entraba dentro de mi recto dibujando círculos cuando tocaba el fondo. Su juego me gustaba en demasía. Parecía conocer mi sensibilidad como pocas, tocando apenas mi pene, cada tanto y casi como sin tocarlo de verdad. Empleaba una técnica que me ponía extremadamente caliente: acariciaba mis testículos (apretados por mi erizada excitación) y recoriendo con su mano libre la parte inferior del pene. Lo hacía con suavidad, mientras humedecía mi ano con pequeñas gotas de su saliva para continuar el juego de su dedo medio entrando y saliendo sobre la cavidad de mi ano. Solía tomar mis manos y ponerlas en mi espalda, como si las anudara. Pronto me iría enseñando a tomar esta posición por mi propia cuenta, frente a ella y (como luego se desarrollaran los hechos) ante cualquier pretendiente de mi cuerpo. Estas acciones de Louise me volvían más dócil… y me dejaba más vulnerable frente al otro, como si mi rol no fuera sino, dejarme hacer todo esto por un segundo actor.

Era sumamente excitante sentir mi pene tan erguido y caliente, al mismo tiempo que los movimientos libres de mi nightsuit rosa llegaba a tantear mi parte con fortuitos roces de la tela. Cuando tomó un plug pequeño para colocármelo, sentí un placer inmenso solo con imaginarlo dentro de mí, y susurré sin si siquiera comenzar a sentirlo. Era algo ancho y corto, de esos que quedan ajustados y afirman tu cuerpo desnudo como si fuera un objeto del infierno. Apenas sentí en el pequeño malestar que te produce cuando recién te lo introducen. Ella ya me tenía agarrada con mis manos detrás y con el plug de plata dentro.

Realmente me estaba haciendo sentir en una mujer tan sensual como no lo recordaba, maquillada, obediente, suave, apenas cubierta por el rosa de mi nightsuit, de pelo suelto y un cuerpo entero levemente tieso… Faltaron los de tacos rojos que Louise tomó para mí y un pequeña cinta a tono que colocó en mi tobillo izquierdo. Al parecer, le gustaba tanto hacerme el amor con tacos como a mí lucirlos. Ella realmente parecía tener orgasmo imaginarios solo jugando conmigo y ayudándome en colocar estas prendas como piezas en una obra, sin desatender el juego, y que lo mantenía en un suspenso que me hacía palpitar.

—  Conmigo vas a aprender muchas cosas, Clara. En pocos meses te sentirás irreconocible. ¿Haz notado como tu cuerpo responde como cuerdas vibrantes a cada roce? —preguntó como afirmándolo, y sin esperar respuesta.

De verdad me estaba llevando a un nuevo nivel. Me sentía tan ardiente que creí que iba a terminarme si apenas acariciara mi miembro con una de sus manos. Y ella debió saberlo, porque me mantuvo en ese estado de pleno placer sin llevarme al máximo, sin ser directa en ese punto, sin llevar su mano en dirección a mi pene, y lo hacía con una sabiduría que mostraba la experiencia sus 35 años y una larga práctica en estos asuntos. Me mantenía en ese estado de placer máximo sin llevarme al final del no retorno, estimulando partes íntimas de mis entrepiernas y estimulando solamente la parte baja de mi miembro. No llevaba su mano más allá de ese punto, sabiendo que una estimulación franca de la parte media y superior me provocaría una desesperada eyaculación. Esta plenitud que ahogaba el pecho a la vez me volvía más vulnerable a su voluntad, y eso era precisamente lo que estaba haciendo. A Madame Louise parecía gustarle cada parte de mi cuerpo, y los repasaba todos con su mirada y sus manos, como si me fotografiara en un esplendor, y a la vez su imaginación me estuviese follando como una muñeca autónoma y ardiente.

—  Sabes que eres una chica muy viril, muy sensible. Siento que deseas esto como muy pocas en este mundo han aprendido a desear. Sé que apenas podrías contenerte de un orgasmo si estuvieras sola, pero lo haz estado haciendo muy bien conmigo. ¿Sabes?, no puedes terminarte muy pronto junto a una chica. Un hombre, en cambio, podría seguir follándote; ¿pero que haría yo si descargaras todas esta energía que estás conteniendo?

Reposó toda su mano sobre parte trasera y apretó con fuerza el plug de metal hacia dentro, moviéndola en círculos y presionándola con mucha dureza. No pude sino gemir con una incontenible declamación, y cuando estuve a punto de reponerme de este ímpetu inesperado, Louise aumentó el ritmo con que jugaba en mi parte trasera, como su me estuviera follando. Tras ese largo minuto o dos, mi cuerpo comenzó a sudar y mi piel a erizarse de tal modo, que apretó con más fuerza mis dos manos para impedirme que me llevara una a mi parte baja.

— Con el tiempo te enseñaré a prolongar tu eyaculación sin tener que atarte —sentenció. Por ahora, no tendré otro recurso que evitar que recurras a las manos para usarlas en tu propio cuerpo, y más precisamente, para correr hacia allí abajo, donde tiene el grifo que descargaría toda la hermosura que ahora desprendes.

Su voz, susurrante y lírica, mostraba también su aspecto imperativo.

— ¿Nunca has estado una semana entera sin llegar el final? —me preguntó.

Su inquietud me perturbó. ¿De verdad pensaba en detalles y juegos tan elaborados como ese?

—  ¿Cuánto tiempo ha sido el máximo que has podido vivir sin tener un orgasmo? –me preguntó.

—  Me masturbo muy seguido Madame. Todas las noches y a veces más de una vez.

—  Vamos a controlar eso un poco, Clara. Pero no te aflijas. Ahora disfruta sin llevarte las manos a tu parte más sensible. Solo déjate llevar y disfruta.

A Madame Louise le excitaba terriblemente mi miembro duro. Pero me trataba como a una chica. Era toda una experta en mantenerme en ese estado y ella parecía disfrutarlo. Me imaginaba si iba a querer a introducirlo en su vagina, y yo estaba muy nerviosa. Le dije que no iba a poder resistir mucho una penetración, no como iba a poder hacerlo un hombre masculino. Me tranquilizó diciéndome que no quería nada de eso, y que no iba a tener que entrar en su vagina con mi miembro.

Manteniéndome en ese estado de puro placer, Madame Louise se aseguraba un completo control sobre mí, derribaba todas mis resistencias y me manipulaba a su capricho. Su placer era completamente psicológico, y así quería también que fuese el mío, aunque usara mi cuerpo de diferentes maneras para mantenerme siempre erguida, pero sin llevarme a los extremos. Sus partes favoritas de mi cuerpo eran mis nalgas, mi ano y toda mi parte sensible que va desde él a la parte baja de mis testículos, allí en la parte baja que aprieta la braga. Le gustaba tocarme en esos lugares, mover el plug cada tanto tomar con un mano entera una de mis nalgas.

—  Tienes una enorme potencial, Clara. Ninguna de mis shemales anteriores tuvo tu comportamiento inicial. ¿Sabes?

Sabía muy poco de ella y de lo que llamaba sus shemales, pero no tardé en comprender. Supe que éramos de su gusto más puro, el producto más transparente de sus fantasías, aunque no supe todavía si el único que le apetecía.

—  Eres realmente dócil y femenina. Y al mismo tiempo, increíblemente viril. Podría pasar horas enteras contigo, ¿sabes? Pero deberíamos terminar en algún momento. Creo que este conocimiento mutuo ha sido más que suficiente, y quiero darte tu premio.

Ella me hablaba con una sensualidad que me dejaba casi ahogada. Imaginé desde el primer momento que esto debía ser un experimento para ella, y había llegado su desenlace.

—  ¿Sabes que llevas mojándote el pene desde hace varios minutos? –me dijo.

En seguida reparé en las pequeñas gotas de semen que salían de mi pene y colgaban hasta mis piernas. Madame Louise me tomó por detrás mientras me tocaba los senos.

—  No te avergüences por sentir placer. Eso es lo que eres: una mujer sensible y viril que pareciera estar a punto de eyacular en cualquier momento. Ya vemos a moderar esta energía Clara, usándola a nuestro favor, ya verás. Ven, tírate en la cama boca abajo, como si fueras a tener un hombre encima.

El roce con la superficie esponjosa de la cama estuvo a punto de hacerme terminar al instante frotándome contra ella. Lo deseaba fervientemente, pero Luiose me contuvo rápidamente de que lo hiciera levantantándome levemente las caderas por encima del colchón.

— No desesperes Clara. Yo misma te dejaré hace lo que intentas, pero hagámoslo con el final que merece esta sesión donde te has mostrado tan transparente. Ya verás, lo disfrutarás muchísimo, más que yo sin dudas viéndote tan formidable hoy.

Entonces colocó una almohada en el espacio libre que había dejado entre la cama y mis caderas, y dejó reposar mi entrepiernas sobre él. Volví a sentir el tacto del pene contra un material resistente, y la almhoada, cediendo, abrazaba completamente mi miembro. Un enorme me recorrió devuelta, cuando Louise, afirmándome contra la almohada para impedirme cualquier movimiento, abrió sus piernas para ponerse encima de mis nalgas, recogiendo las rodillas. Con el resto de su cuerpo erguido en forma vertical, hizo sentir todo el peso de su cuerpo sobre mí. Sus entrepiernas apretaban con fuerza mis nalgas, y abriéndola con sus dos manos, decorrió su braga negra para dejar su vagina al desnudo. Colocó su clitoris sobre la parte exterior de mi plug anal, haciendo presión para que yo sintiera más dilatado el interior del objeto metálico alojado en mi ano. Sentí que iba a follarme, y recordé los momentos más placenteros que tuve en esta misma posición. Pero esta sensación era diferente. Madame Louise lo había hecho único. Antes de comenzar a frotarse contra mí, me pidió que le diera unos minutos para gozar de su vulva moviéndose en rectas verticales contra mi parte trasera.

— Mantente quieta unos minutos más —dijo mientras gemía. Quiero que te corras de esta manera, sin apresurarte. ¿Sientes que puedes correrte de este modo?

— Sí Madame. En cualquier momento.

Mi cuerpo iba a descargarse, pero Louise me apretaba con fuerza y no me permitía realizar movimientos libres de mi pelvis, y sin embargo, estaba en ascuas, ardiendo por dentro y eyaculando a cuanta gotas sin ese torrente final. Ella continuó gimiendo, y tras unos minutos, mientras mi cuerpo temblada de placer, no tardó en lanzar un gran bramido en el punto más alto de su orgasmo femenino. El plug parecía abrirse dentro de mí, y no pude sino estirar mis manos sobre la cama para eyacularme completamente dentro de la curvatura de la almohada, como si una fuerza interior y propia de mi miembro hubiera lanzado el semen que tenía guardado. Gemí profundamente, y Louis colocó todo su cuerpo sobre el mío, haciéndome sentir la tejedura del brassiere que ajustaba sus amplios senos, en la parte superior de mi espalda.

Reposamos en la posición en que nos dejó la tormenta. Sin hablarnos. Sentí una relación completa, pura, y repasé en mi mente el viaje. Intuí que habíamos prolongado este juego durante unos treinta o treinta y cinco minutos. El sopor casi me estaba llevando al sueño, y hubiera querido dormirme con ella de este modo. Así hubiera sido si fuéramos una pareja de dos personas que se aman, pero Madame Louise rompió el hechizo, que no tuvo en mí ninguna sorpresa, sino más bien, el efecto que produce una frase que te hace regresar al mundo:

— Pronto podrás atender a varios varones por mucho más tiempo —sentenció.


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Brandi TS Girl Shemale Author

por Brandi

Redactora y cronista Triple X de TS Girls y Shemale Pornstars del maintream porno.

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